
Y ¿qué pienso yo?
¿Por qué me emociono cuando veo las marchas, porque decido ir a marchar, porque tengo esta mezcla de esperanza, frustración, alegría, rabia y culpa?
Partamos de a poco.
Creo que todos somos iguales en dignidad (de Perogrullo). Creo que la dignidad cuando ha sido violentada en una persona impacta en el conjunto de la sociedad.
Creo fervientemente en la supremacía del bien común por sobre el bien personal. Creo también que no siempre el bien personal está alineado con el bien común.
Creo que es necesario hacer autorreflexiones diarias, para orientarse al bien común. Creo que la sociedad actual no ayuda en eso.
Tengo también otras premisas. Algunas más subversivas.
Creo que el dinero es intrínsecamente perverso. Así tal cual. Nada de la cosa del medio y los fines. Creo que el dinero corrompe. En mayor o menor medida, mientras más o menos autorreflexión tengas y mientras más o menos dinero tengas. Creo que el dinero es la creación más orientada al bien personal que se nos pudo ocurrir.
Creo también que puede ser cercado. Creo profundamente que podemos hacernos cargo de este riesgo de corrupción (a.k.a no creo que la abolición del mercado).
¿Por qué?
Creo en la creatividad humana. Creo en la capacidad de ponerse en los zapatos del otro. Creo que nacemos con una tendencia a la solidaridad (lo veo en mi hija todos los días). Creo en el amor no sólo hacia quienes nos rodean sino hacia todos y todas. Pero creo que también el amor es un acto de voluntad conciente. Una decisión diaria.
Creo también que esta capacidad de amar se educa y se madura. Creo que a una dignidad violentada se le restan oportunidades de desplegarse en toda su potencialidad.
Creo también que no todos somos resilientes. Que no todos cuando nos proponemos algo nos resulta, que somos inconsecuentes e incoherentes. Creo que es tarea de todos ayudarnos en nuestras pequeñas –y grandes- batallas diarias.
Entonces ¿Qué creo de esto que pasa en el país?
Creo en la educación como el canal para hacernos cargos de nuestras diferencias individuales. Para adquirir conciencia del otro, para aparecer frente al otro. Creo que la educación formal –la escuela- forma ciudadanos y emprendedores. Que es la forma a la que hemos llegado para operacionalizar esta igualdad de dignidad de todos y todas.
Creo entonces, en la educación pública.
Creo que el Estado es la forma que tenemos de organizarnos para salvaguardar las veces que el bien privado se opone al bien común. En que mi beneficio va en desmedro de otros (iguales en dignidad).
Creo que la educación no puede ser vendida ni comprada, porque queda a la deriva de la voluntad de quién la vende, y supuesta a la capacidad de pago de quién la compra.
Como creo que el amor se educa y la autoconciencia se madura, es en ese proceso de socialización primaria en que la escuela debe ser garantizada para todos. No sólo por la dignidad de cada ciudadano, sino porque el Estado si no la garantiza, debilita sus bases.
Creo también en nuestras diferencias. Creo que la diversidad es siempre un aporte. Nos enseña a ser democráticos, a aprender a dialogar y a generar empatía. Incluso con los no tolerantes, no democráticos, no dialogantes y no empáticos. Especialmente con ellos (pero para eso es necesario la autorreflexión y convicción que uno es parte de la sociedad en su conjunto).
Entonces (y haciéndome parte de la pregunta que me hizo mi papá) ¿Creo que toda la educación debe ser pública? NO.
Como creo en nuestra capacidad comunitaria, creo que la sociedad civil puede participar de ella. Creo firmemente en el principio de subsidiariedad del Estado (y ahí el cambio hace ya varios años de mi postura frente a la teletón).
Pero como creo que el dinero es intrínsecamente perverso, creo que la educación entregada a los privados debe ser inteligentemente entregada a los privados. Salvaguardando el bien común por sobre intereses individuales.
Creo entonces en el fin al lucro en la educación.
Pero también creo en la libertad. Creo que la libertad individual termina donde parte la del otro.
Y si usted no quiere contribuir a esta sociedad, y decide ser un free rider de sus beneficios, la verdad es que está en su derecho (déjeme cuestionarle su proceso de socialización primaria por lo menos). Entonces, si usted quiere que la educación que reciba su hijo/a no tenga nada que ver con esto que escribo, y encuentra deseable que a quién usted se la compre tampoco piense esto que pienso yo, hágalo (mientras pague sus impuestos, que es la forma básica que tenemos de hacernos cargo que vivimos en sociedad y no autárquicamente). Pero no con los recursos de todo el resto. Porque si cada uno mata su propio chancho (y debe darme la razón en esto), nos vamos a la mierda como sociedad en su conjunto.
Entonces, en el tema de la educación concreto de Chile. Creo en educación pública, en la educación particular subvencionada sin lucro y educación particular sin subvención. Elija usté.
(Me salió como vómito de desordenado, pero algo así creo. Seguiré vomitando mis ideas en otras áreas, a ver si logro ordenarlas. Y seguiré publicándolas, porque en la diversidad está el aporte, y así, se irán poco a poco madurando).
R.
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